Textosencrisálida

viernes, 25 de marzo de 2022

Bizcocho de yogur (cocido sin horno)

                                                              Ingredientes
                    3 huevos
                                                                        1vaso mediano de aceite de girasol crudo
                             1yogur natural
                                          1 y1/2 vasos de azúcar
                                                         2 vasos de harina para bizcocho
                                        ralladura de un limón
                                                                         3 gaseosas completas (La bandera u otra marca o levadura para repostería)

Modo de hacerlo:

Se ponen todos los ingredientes en la batidora y se baten. Si quieres que salga más esponjoso, bate primero las claras a punto de nieve con una pizca de sal y cuando estén consistente añádelas poco con movimientos envolventes a la masa principal. Luego unta con un poco de mantequilla el fondo de una cacerola de 20cm de diámetro y fórrala con papel vegetal, a su vez también untado, que cubra parte de las paredes de la olla. Vierte la masa y ponla a cocer a fuego medio-bajo alrededor de 1 hora. Si es posible tapa con una tapadera transparente porque no se puede abrir a mitad de cocción, sino se bajará el pastel y quedará apelmazado. Cuando veas que se tuesta por los lados estará ya listo, por arriba queda cocido, pero de color amarillo claro. Un truco para saber si está ya cocido es si la tapadera tiene un orificio para que salga el vapor de cocción, introducir por él una varilla larga, sirve un palo limpio como los de pincho moruno. Si sale limpio es que ya está listo. Se desmolda en caliente separando el bizcocho de las paredes de la olla mediante un cuchillo. Se le quita con cuidado el papel adherido, se vuelca en una fuente, a continuación, se espolvorea con azúcar glas y, si te gusta, canela. Se deja enfriar. Y ¡a comer!




Hoy nos hemos levantado, en la playa, con el tiempo revuelto y el cielo muy nublado. He de escribir un microrrelato que me tiene ocupada la cabeza varios días. Le doy vueltas a la idea e intento aplicar la teoría que preconizan los eruditos, pero una no es un Nobel, así que sale lo que sale. Parece que mi cerebro, sin que yo le dé permiso, quiere desconectar, como me ocurre puñados de veces cuando no tengo las cosas claras. Cual niño caprichoso, se va en picado a otros centros de interés más atractivos. Juro que yo no intervengo para nada.

Mi santo y yo desayunamos a diario un plato de fruta y una pieza o dos de bollería. Para mañana se han terminado. Sí o sí, hay que ir al Super a comprar varios artículos, ay, pero en estos centros la repostería deja mucho que desear. Total, que se me ha despertado el instinto culinario que llevo en los genes o no sé dónde puñetas. Lo salaó no me suele salir mal, quizás por aprendizaje materno. De lo dulce, comería a todas horas sin hartazgo, pero me reprimo por eso de mantener la figura, no vaya a ser me descuide y me convierta en una Botero cualquiera. Lo dicho, me retengo. Pero hete aquí que de vez en cuando lo necesito como el beber, no digo comer, sino elaborar una receta dulce.

 Bueno, pues hoy era ese día. Pienso en Bizcocho de yogurt. ¿Cómo se hacía?,¿tres huevos o cuatro?, ¿un vaso de azúcar o dos?, ¿cuánto aceite?, ¿lleva leche o solo yogurt? ¡Madre mía, cada vez tengo peor la cabeza! Además, no sé si dispongo de todos los ingredientes. Busco en internet: Bizcocho de yogurt sin horno. ¡Toma ya! Esto sí que no lo he experimentado nunca. Estupendo porque el horno con la subida de las eléctricas gasta que es un primor y a ver si me va a salir más caro el postre que el guisao. ¿Qué hago?

Vale, me decido a experimentar. Rebusco por los armarios. ¡Milagro, tengo todos los ingredientes! Los preparo. Escucho con atención al tío que cuelga el vídeo, uno más que quiere likes a porrillo. ¡Pobre, qué barato nos vendemos! No somos conscientes de que nuestros datos son el capital del negociazo de internet, Hoy mismo yo me he vendido ya en tres o cuatro ocasiones y eso que acaba de empezar el día, cuando termine habré puesto la cama un momento sí y otro también, y lo más terrible sin ser apenas consciente. ¡Qué le voy a hacer ¡ O pasas por comunicarte por las redes sociales o eres un bicho raro, si hasta las entradas para los eventos que organiza los ayuntamientos hay que obtenerlas por el dichoso ordenador. Ah, y que funcione la web y, en el mejor de los casos, que no se hayan agotado, porque dicen que los jubilados somos analfabetos digitales. ¡Quia! Eso lo dirán algunos carcamales ya más allá que acá, porque yo solo sé que cualquier actividad cultural gratuita está siempre copada. O los nietos ayudan a los yayos, o estos en cuestión dan el timo y saben más que dicen, tanto hacerse las víctimas y luego cuando les interesa saben más que los jóvenes, solo sea por el resabio que se acumula. Aunque todos sabemos que no hay mejor motivación que el todo gratis. Doy fe de que el término español es famoso en el mundo entero, al menos el conocido por mí, modestia aparte.

Por fin, vamos allá. Escucho detenidamente la explicación del cocinero internauta. Mi cerebro recapitula y mis manos se ponen directas a la masa, nunca mejor dicho. Vaya, un contratiempo. Hay que batir las claras a punto de nieve y aquí en el apartamento de la playa solo tengo la batidora básica. Ala, Anita, añade una pizca de sal, dicen que así suben más rápido, y bate a fuerza de tenedor. Mi brazo no es robótico nunca he conseguido un punto de nieve consistente.

Hago la mezcla principal, añado la harina poco a poco, aun midiéndola, esto también pasa en otros menesteres, nunca sabe una si es mejor quedarse largo o corto, siempre tengo miedo de que la masa me quede blanda o demasiado dura. Así que la pongo, más o menos a  ojo , aquí funciona la experiencia, ojalá y tuvieses tan buen ojo para las cosas importantes, eso tontorrona que a veces eres más incauta que una perdiz.

Bueno, esto ya está, empieza el experimento: corto el papel para forrar el fondo de la olla, no tengo papel vegetal, utilizo el de aluminio, dicen que no es sano, pero hoy paso de pensarlo, lo unto con mantequilla, vierto la mezcla, parece bien efervescente, en verdad, gracias a la levadura, como yo con el Ibuprofeno de cada mañana que si no me lo tomo me cuesta una tonelada empezar a rular.

Enciendo el fuego, tapo la cacerola, menos mal que dispone de tapadera transparente porque se puedo abrir el recipiente durante la cocción, sino adiós a que suba bien el pastel. Debíamos tomar ejemplo. Algunas cosas que funcionan, ni menearlas, sobre todo en política. Alguien dijo que los experimentos solo con gaseosa. El sujeto en cuestión se hizo famoso por ese comentario, no precisamente por los grandes logros que desarrolló en el ministerio que presidía, ahí fue rasito rasito, aunque también dio alguna que otra patada. ¡Pobre! Es que era un español típico, ya se sabe cuando nos fallan las palabras acudimos a los exabruptos verbales o a la fuerza bruta, de eso no estamos mancos, no, ni antes ni ahora.

Como soy inquieta por naturaleza, mientras se cuece el pastelito de marras, me pongo a escribir esta crónica de desahogo. Uf, huelo a quemado, salgo como soldado a toque de corneta. Pos sí, el fuego era demasiado potente, ya se sabe cada vitrocerámica tiene su punto, y a la mía, va para años, le he cogido solo parte de la media. Lo bajo al mínimo, quizás con un poco de suerte se pueda comer. Como no me quiero arriesgar, nos quedamos de centinelas, menos mal que las nubes amenazan y el mar se presupone revuelto.

En esto llama mi hijo: Mamá que vamos a comer. Nunca se sabe si van o vienen, si has de preparar guiso o no. Siempre te avisan a última hora. Hoy tenemos suerte, el Super está abierto en domingo durante el verano. Mi marido escapa a la carrera a comprar, si fuese tan fácil añadir cuando nos quedamos cortos en las cosas de la vida o suprimir los errores sin más, pero no, en eso las más de las veces te cierran el circuito con opciones limitadas, dejándote fuera o dentro según convenga.

En fin, que os dejo, que me voy a ejercer de madre y abuela. Ya os digo, por si alguien todavía no es un yayo caldoso, que es una de las cosas de la vida que más satisfacción da. El pastel estaba previsto para el desayuno, pero con extra de familia puede que caiga pa merendar.

 

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