El
coro
Manuela
es viejita y chiquita. Durante años ha visto germinar los campos, pero ya ni
puede arreglar su humilde choza, apenas si ve. Damián le da un sacudón cariñoso
cada mañana y le ayuda a vestirse. Fue él también quien se levantó como un
proyectil para atender a los cooperantes.
—No queremos vivir en una gran ciudad —respondió—, además no sabríamos ni cruzar los semáforos. Una ayuda aquí sí que nos vendría bien —añadió esperanzado.
Ahora, los dos cada tarde aclaran su garganta
antes de incorporarse al coro de la Casa de Mayores de su
pueblito.

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