Textosencrisálida
jueves, 11 de diciembre de 2014
El invasor
jueves, 13 de noviembre de 2014
Anhelo
Anhelo
viernes, 17 de octubre de 2014
COMENTALECTURAS: Libro: Las chicas del campo, de Edna O´Brien
La autora Edna O'Brien
Caithleen recuerda para nosotros su pasado: unas veces lleno de risas; otras, superando las lágrimas. Recuerda los ritos de paso que la llevaron hasta la madurez: los días de internado, el descubrimiento del amor, la necesidad de aventuras e independencia y, al fin, la gran ciudad, con sus brillantes promesas de futuro.
Es un libro corto, de lectura muy fácil que se lee con agrado, de tono intimista narrado en 1ª persona por la protagonista, Caitheleen que nos narra su infancia y adolescencia hasta entrar en la juventud Técnicamente es una narración con buen estilo. Muchos autores, entre ellos Philips Roth o Alice Munro, la clasifican entre las obras cumbre de la literatura irlandesa del siglo XX porque muestra una excelente prosa, está escrita con humor y una cierta melancolía y, sobre todo, con la fuerza que da hablar de la juventud ya vivida. .
Mi clasificación: 4****
viernes, 3 de octubre de 2014
Antología de Microrrelatos "Otoño-Invierno" 2014 de Diversidad Literaria
El vuelo
jueves, 2 de octubre de 2014
El libro de mi vida
El libro de mi vida
—Yo quiero este de “La dama y el Vagabundo” y este de
“La Sirenita” y este de...
—¡Hija, no te los podemos comprar todos!
—¡Bueno! Si promete leerlos conmigo, le compro alguno
más.
Las casetas se ordenan en interminables hileras a un
lado y otro de la feria. Se mezcla el olor fresco a libro nuevo
con el gusto macerado y picante de colonias, sudor y polvo.
Comparten espacio novedades con ediciones clásicas. La
multitud, indecisa, hojea y consulta antes comprar. Yo me
quedo fascinado ante tanto libro. Me gusta el olor del papel
nuevo, los colores brillantes y variados de las cubiertas. Me
intrigan los títulos. Despiertan mi interés los nombres de
autores noveles. Todo me parece una promesa de placer
infinito y me vuelvo codicioso por atesorar libros.
Mi infancia transcurrió en un pequeño pueblo
manchego. Mi madre se había empeñado en estudiar y mi
abuelo, hombre adelantado, lo había consentido. Cuando
se casó la dureza de las faenas de la casa y la crianza de
los hijos le dejaba poco tiempo. Aún así, nos inculcaba el
amor por las letras. Sin embargo, la ola moralizadora
también nos coaccionó. Recuerdo especialmente un libro
verde de “Lecturas Ejemplares” que releía una y otra vez.
Mi mente infantil no podía asimilar aquellos ejemplos de
jóvenes santos y mártires cuya conducta me parecía tan
inalcanzable por extraña y fuera del entorno cotidiano.
¡Qué decir del “Catecismo y devocionarios”! Antes de ir
a la escuela ya habíamos aprendido nuestras primeras
oraciones. Al terminar la Primera Comunión toda la
familia quedaba saturada y legitimada para chantajear al
neófito a costa del buen comportamiento. Otros libros muy
de moda fueron las “Fábulas” de Iriarte o de Samaniego.
Nunca tuve ninguna “seño”, no se permitía la coeducación.
Mis maestros fueron como los de toda la vida. Pensábamos
que creían a pie juntillas cuanto enseñaban, ahora me
inclino por sostener que quizá solo se veían obligados a
aparentarlo. Sus palabras constituían para los alumnos
órdenes sin lugar a replica.
—A ver, Tomás, ¡lea! Bueno, mejor leo yo primero y
luego usted repite. ¡Atentos! Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela, no surca el mar sino vuela...
¡Cuántas tardes pasamos recitando “Las mil y una
poesías de la Lengua Castellana”! Quizá ese fue el germen
para que hoy me continúe gustando la poesía.
Repetíamos de modo mecánico las tablas de multiplicar,
los diez mandamientos y cuanto su autoridad considerase
digno de memorizar. Todavía digo de carrerilla la lista de
los reyes godos y no se me han olvidado comarcas como la
de Barros o Tierra del Pan y del Vino.
A veces otro compañero me guiscaba por debajo del pupitre.
—Martín, no enrede.
—¡Pero si es él quien no me deja!
COMENTALECTURAS: Libro: El otro nombre de Laura, de Benjamín Black
Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 a John Banville por «su inteligente, honda y original creación novelesca» y a su «otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policíacas.»
Ha pasado el tiempo para Quirke, el hastiado forense que conocimos en El secreto de Christine. La muerte de su gran amor y el distanciamiento de su hija han conseguido acentuar su carácter solitario, pero su capacidad para meterse en problemas continúa intacta.
Cuando Billy Hunt, conocido de sus tiempos de estudiante, le aborda para hablarle del aparente suicidio de su esposa, Quirke se da cuenta de que se avecinan complicaciones, pero, como siempre, las complicaciones son algo a lo que no podrá resistirse. De este modo se verá envuelto en un caso sórdido en el que se mezclan las drogas, la pornografía y el chantaje, y que una vez más pondrá en peligro su vida.
Esta novela de ambiente y trama apasionantes confirma a Benjamin Black como uno de los escritores contemporáneos de mejor estilo y mayor capacidad de persuasión en el género de la novela negra.
La crítica ha dicho...
«El escritor de lengua inglesa más inteligente, el estilista más elegante.»
George Steiner
«Un trabajo considerable de ficción en que cada momento amable detona calmadamente mostrando una chispa criminal.»
Don Delillo
«Una novela absorbente y emotiva, con todos los personajes soberbiamente retratados y una prosa simplemente deslumbrante. Queremos más.»
The Guardian
«Hágase un favor. Acuda a una librería y compre la nueva novela de misterio de Benjamin Black, El otro nombre de Laura. Váyase directamente a casa. Si comparte vivienda, eche a sus compañeros. Sírvase una copa y acomódese en su sillón favorito para disfrutar de una auténtica dosis de sabiduría y angustia irlandesas y de prosa excelente.»
Los Angeles Times
«Lo que hace tan buenas las dos novelas de Black, El secreto de Christine y El otro nombre de Laura, es su prosa descriptiva, el fuerte de John Banville.»
The New York Times








